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La anatomía y el territorio

Actualizado: 4 de nov de 2020

Desde que estábamos en la escuela, con una edad en la que la visión que teníamos del mundo siempre fue color de rosa y sin mayores preocupaciones, nuestra atención se centró en la clase de biología, allí se nos enseñó “todo” sobre nuestro cuerpo, la anatomía humana, que pareciera compleja como la anatomía de todos los demás seres vivos, sus sistemas y cómo cada parte, de pies a cabeza, cumplen una función importante para poder vivir.

No entendíamos ¿por qué teníamos partes repetidas, dos manos, dos pies, dos orejas, dos riñones, dos glándulas mamarias, dos pulmones, dos ojos, en mujeres, dos ovarios, en hombres, dos testículos, será que es un repuesto? -Pensábamos- Anita y yo siempre estuvimos con curiosidad y en clase hacíamos preguntas de este estilo.


Conforme pasaba el tiempo, las explicaciones sobre nuestro cuerpo eran más profundas, la maestra (porque era mujer), centraba cada clase en una parte específica de la anatomía humana, pasamos, primero, por el sistema nervioso, con lo cual quedamos con asombro, era mágico aprender sobre los estímulos nerviosos y como una pequeña masa ubicada en la cabeza, era capaz de emitir órdenes a todo el cuerpo; continuamos con el sistema respiratorio, creo que nunca habíamos tomado tanto aire como ese día, en el que nos enteramos que de afuera viene lo que nos hace seguir vivos y vivas, si, el aire, respiramos muchísimo aquel día, parecía que no queríamos regresar el aire retenido en nuestro pulmones, queríamos almacenar para vivir mucho más; cuando vimos el aparato digestivo deje de comer por muchos días, casi me llevan de urgencias, debo confesar que me dio asco saber que todo se junta en un mismo saco donde llegan ácidos a desbaratar todo y se pierde la emoción de haberme comido ese postre delicioso que mami había hecho para mí, ¿cómo es posible que se me haya juntado con la sopa de frijol? Completamente desagradable.

Para cuando recuperé el apetito, ya habíamos pasado por el sistema excretor, muscular, inmune, esquelético, linfático, integumentario y de todo esto a Anita y a mí nos surgieron un par de dudas, ¿Por qué el corazón lo dibujamos de una forma cuando en realidad tiene otra? ¿Y cómo éste esconde las cicatrices que le ha dejado el dolor? Mi hermana mayor dice que le duele el corazón porque alguien le causó una herida, quería poder decirle que no se preocupara, porque en clase habíamos visto y tocado un corazón y este no tenía cicatrices, ella era muy vanidosa, hasta por dentro, aunque nunca le dije que el corazón que nos llevó la maestra era de un toro.

Pasados los días, Anita había empezado a presentar un comportamiento extraño, parecía enferma, yo le manifesté a mami mi preocupación, pero ella me dijo que era algo natural, no entendí el gesto de mamá en ese momento así que lo dejé pasar.

La maestra nos había dejado tarea sobre el sistema circulatorio y para comprobar lo que ella decía tome una aguja y puncé mi dedo, y por supuesto, salió ese líquido rojo que aparecía en mis raspones del cual la maestra hablaba, me puse de inmediato una curita, no quise se me fuera a salir mi preciado líquido. Por último, quedamos en la explicación del sistema endocrino y el sistema reproductor, la maestra, después de explicarnos anatómicamente cómo funcionaban estos dos sistemas y que era diferente y necesario entre hombre y mujer.


Nos dividió en grupos, niños era uno y niñas era el dos, la maestra nos pedía dibujar una silueta humana sobre unos pliegos de papel, lo cual nos pareció divertido, luego, con crayones de todos los colores, nos pedía ubicar en la silueta y de acuerdo a lo visto en las clases, lo siguiente: el dolor, la tristeza, la alegría, el amor, el miedo, el odio, la familia, las amistades, mi ciudad, el bosque, el agua, el sol, la luna, el suelo, los peligros, en realidad eran muchas cosas que no las alcanzo a recordar todas, nunca entendí que tenía que ver eso con nuestra clase de anatomía, pero si vino a mi mente, que de las dos siluetas, que eran diferentes por supuesto, eran dos grupos, la del grupo de niñas resaltaba más, aparentemente había una concentración significativa de varios elementos en un mismo lugar, o más bien en dos lugares, el sistema reproductivo estaba lleno, casi que se fusionaban con los elementos que estaban en el sistema digestivo y llegaba a encontrarse bien arriba con los senos, la maestra sólo nos había dicho que por ahí salía la leche cuando una mujer estaba en embarazo, no sé entonces por qué llenarlo de tantos elementos.


La maestra pidió a las niñas explicar, Anita fue la primera en empezar, la verdad siento orgullo por ella, es muy fuerte y además inteligente, Anita ya no estaba enferma como hace unos días. Ella empezó diciendo que su mamá cada tanto sentía dolor en su vientre y que ella había empezado a sentir lo mismo desde hace poco, las demás niñas coincidían, yo no porque a mí nunca me ha dolido el vientre salvo aquella vez que me comí un helado con mucho chocolate, desde entonces y hasta ahora no he experimentado algo semejante a ese fuerte dolor que ellas relataban, además, Anita decía que a sus hermanas (son sólo mujeres en su casa) también les pasaba lo mismo, que sentían dolor en su vientre cuando aparecían personas muertas, que sentían dolor en su vientre cuando atentaban contra los bosques, los ríos, el mar, los animales, que sentían dolor en su vientre y senos, cuando algún hombre las agredía, que sentían dolor en su vientre y senos cuando los hijos e hijas de otras desaparecían y así, muchas cosas más.

La silueta de las niñas representaba toda la ciudad, eso era semejante con la silueta de los niños, con los demás era muy diferente pero de un momento a otro, cuando era el momento de exponer de los niños, algunos de ellos tomaron los pliegos de papel y la pusieron sobre la silueta de las niñas y uno habló – maestra, nuestra silueta no es de niño ni de niña, maestra, mi mamá ha sufrido lo mismo que dicen las niñas, pero papá nunca la escucha, maestra, mamá ha sufrido mucho, en la calle la tratan mal y eso a ella dice dolerle en el pecho, maestra, mamá ha llorado con la vecina la cual tiene a su hija desaparecida, maestra, mamá camina muchas muchas cuadras para llegar a la parada de bus con mi hermanita en brazos, llega mal de sus pies, maestra, mamá me defiende de aquellos que me han querido hacer daño pero al mismo tiempo siente miedo, dice que le recorre el cuerpo, pero sabe algo maestra, mamá me ha enseñado a que a mí también me duelan las mismas cosas, por eso pienso que la silueta de las niñas representa mejor lo que usted nos pidió.


La maestra quiso profundizar más en su explicación, al decirnos que desde siempre la mujer ha cargado con múltiples situaciones de desigualdad y que poco a poco se está dando la comunicación hacia sus generaciones descendientes, para que no se repita la historia, por lo que siempre era importante escuchar a mamá cuando expresaba sus dolores, sus inconformidades, sus tristezas, sus miedos.

Que anatómicamente podemos ser diferentes niños de niñas pero que cuando de nuestro territorio se trata, todo nos debe doler y alegrar por igual. Que el funcionamiento que tiene el mundo, el país, nuestra ciudad, nuestra familia, debe ser semejante al funcionamiento de nuestro cuerpo, por eso hay pares, dos manos, dos pies, etc, porque ambos y en conjunto como si fue una comunidad pueden lograr mejores cosas que estando de manera individual.

En ese momento yo sólo quise correr a los brazos de Anita, decirle que yo quería sentir igual que ella y que nunca estaría sola, ella me abrazo y me dijo que tampoco me dejaría solo si algo me llegase a pasar. Desde entonces, Anita y yo nos cuidamos, yo la acompaño cuando se ha hecho tarde para ir a casa, le llamo para decirle que he llegado bien, le cuido cuando tiene su regla, ella debe descansar, mamá me ha dicho que lo haga y aún no entiendo muy bien por qué, si es sólo sangre que les sale, pero yo la cuido con todo el cariño, Anita es mi amiga, es niña, es mujer, pero nos duelen y alegran las mismas cosas. Ahora, Anita y yo, salimos juntos a marchar contra el estado opresor.


-SERGIO, amigo de Anita.



Rosana Sarria Bustamante.

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