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  • Foto del escritorMi Cuerpo/Min Krop

Los hombres sí bailan y se mueven así

Un chico bailando danza contemporánea

Siempre he sentido una gran pasión por el baile y las artes escénicas. Mi hermana me cuenta que primero bailé antes de dar mis primeros pasos, pues desde muy pequeño me ponía de pie como podía, agarrándome de lo que estuviera a mi alcance, y me movía al ritmo de la música que sonaba en casa.


Recuerdo que, a los 4 años, bailar y actuar eran mis juegos favoritos. Siempre que iba una prima a mi casa, le dedicábamos horas enteras a crear obras de teatro. Colgábamos una cobija en la sala que servía de telón y presentábamos nuestras obras a mi mamá. En el colegio era parecido, pues siempre me ofrecía a actuar y bailar en todas las muestras culturales. Era feliz mientras vivía mi fantasía de subirme al escenario y protagonizar historias.


Un niño enojado reproduciendo un estereotipo de género

Sin embargo, a medida que crecía, esas sensaciones mágicas se vieron confrontadas por ideas y estereotipos que vivían en los entornos que habitaba (y todavía siguen presentes). Surgió el miedo a ser víctima de burlas y comentarios en casa y en el colegio, pues ya habían ido apareciendo: “los hombres no bailan ni se mueven así, esas cosas son de niñas”.


Incluso escuchaba cómo llamaban "marimacha" a una prima que disfrutaba jugando fútbol y corriendo todo el tiempo. Según esos prejuicios, a ella le debía gustar lo que a mí y a mí lo que a ello. Eso nunca ocurrió.


Poco a poco me fueron introduciendo en una categoría de “no hombre”, pues aparentemente no cumplía con las características suficientes para ser considerado uno. De ahí que, en muchas ocasiones, entre mis amigos hombres, se decían cosas como: “somos 4 hombres y medio”. Yo era la mitad.


En ese momento opté por disfrazarme un poco. Empecé a tener mucho cuidado con quiénes y en qué espacios me expresaba tal como realmente quería. Me movía de acuerdo con lo que se esperaba de mí: rígido y aparentemente fuerte. Esto marcó mi etapa de bachillerato, en la que, pese a seguir explorando la actuación y la danza, lo hacía con precaución por un miedo que nadie debería sentir al expresar su forma de ser.

Unas notas musicales coloridas

Para mi sorpresa y fortuna, al ingresar a la universidad, una compañera me habló de un taller de danza contemporánea. Entré por curiosidad, buscando seguir explorando ese lado artístico que parecía que dejaría atrás en la época del colegio.

En la danza contemporánea se busca explorar y expresar con libertad, a través del cuerpo, las emociones y las experiencias personales.

Me encontré en un espacio donde me enseñaron a habitar y conocer mi cuerpo, a explorar el movimiento de manera libre y a dejar atrás ese miedo a danzar y expresarme auténticamente. Aprendí que el cuerpo es el primer lugar que habitamos al nacer, y el medio que nos permite contactar con el mundo que nos rodea, lo cual lo hace muy valioso. Se trata, literalmente, de nuestro vehículo.









— Sergio Nicolás Zapata López

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