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Mi disforia de género

Actualizado: 4 de nov de 2020





Mi nombre es Ayran Riascos soy poeta y soy un hombre transexual. Con lo anterior quiero decir que nací mujer, pero transicioné a hombre, por medio de una terapia de

reemplazo hormonal. Sin embargo, antes de comenzar el proceso, fui al psiquiatra para

obtener el aval para iniciar mi proceso de masculinización. Él me dijo que yo tenía

disforia de género.


La disforia de género es definida como un diagnóstico psiquiátrico que describe una discordancia entre la identidad de género y el sexo físico o asignado al nacer, con el que las personas afectadas no se identifican ni sienten como propio, y que les causa un malestar significativo.

Para ese entonces, yo ya sabía lo que significaba tener disforia de género. Cuando

era pequeño, no tenía idea de que lo que yo sentía se llamaba así. Siempre fui muy

masculino, deseaba crecer y que me cambiara la voz, no me identificaba con mi

cara y mi interés radicaba en jugar a pelear con los otros chicos.


En la pubertad, todo se hizo más difícil, había una presión social que me obligaba a presentarme de manera femenina ante el mundo. Por eso, al llegar a los veinte años, tomé la decisión de cambiarme de sexo. Fui al médico, y empecé

a inyectarme testosterona para lucir, por fin, como el hombre que soy por dentro.


El siguiente texto, es uno de los tantos que escribí sobre cómo se sentía vivir dentro de

mi cuerpo y el sentimiento de no poder escapar a su apariencia original, una apariencia que no me representaba.


DISFORIA

Templo,

cómo es que no disimulas la violencia,

no me emulas la cabeza,

no te sientas a mi lado,

ni me sirves de respaldo.


No disimulas,

me abalanzas ante el prejuicio,

no disimulas,

me interpretas mal y me reescribes incompleto,

no disimulas,

ni me ahorras un respiro.

Entonces corro, sin poder disimular

y me corto, sin llegar a descansar

y escalo, con la espalda concava,

una sarta de montañas inexplicables,

montañas desgraciadas que no me dejan mirar al frente,

ni recibir miradas extrañas,

montañas violentas que no me dejan

nunca respirar sociego.


Por eso vivo en súplica y te rezo con paciencia

sartas de injurias para llorar,

sartas de momentos para no opinar,

sartas de herramientas para construir y sanar,

entre tus montañas más pequeñas,

una casa dónde disimular la violencia,

donde escalar con la espalda recta,


donde respirar la paz.



Puedes seguirme en Instagram como @ayran_expresa

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