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¿Qué fue lo que pasó? El día que aprendí más sobre la Gonorrea.

Actualizado: 4 de nov de 2020

Por: Azulita.


Esa tarde estaba muy preocupada. Fui al baño, con un espejo y vi algo que me asustó aún más. No había querido contarle a nadie, pensé que era una infección urinaria, de esas que me suelen dar por aguantar las ganas de ir al baño. Pero en ese momento me di cuenta que mi vagina estaba enrojecida, que esa piquiña que sentía era porque tenía unas bolitas rojas y blancas que me tenían fastidiada.

Me asusté mucho, porque sabía que era una ITS (Infección de Trasmisión Sexual).

El problema era que no sabía cuál, ni cómo tratarla, ni qué tan grave era. Me llené de valor y le conté a mi mamá. Le dije que quería ir a urgencias (porque era domingo) y mi EPS no me daría cita en ese momento. Así lo hicimos… nos subimos al carro y fuimos para urgencias.

En el trayecto, mamá no pudo evitar preguntarme: ¿Qué fue lo que pasó? Por su

puesto, yo sabía que había pasado, mi gran temor era que mi mamá pensara mal de mí. Sin embargo, me lancé y le conté.

Para ponerlos a todos y todas en contexto, en ese momento tenía 24 años y una vida sexual activa. Eso no me preocupaba, porque siempre era cuidadosa con los chicos con los que estaba.

Usaba preservativo y en el último año ya me había hecho mi citología y el examen del VIH.

Pero, un día,tal vez de esos días en los que no tienes mucha fuerza de voluntad, o de esos días en donde te dejas llevar por las ganas y olvidas las consecuencias de no cuidarte, decidí no usar condón. Al parecer, esa decisión me había salido carísima, ya que el chico con el que estuve también tenía una vida sexual activa y había estado con otras chicas sin protección ¡Una tragedia!


Es super importante aclararles que, si yo había contraído gonorrea, había casi 100% de probabilidad que el chico con el que me había acostado también lo estuviera. Por esa razón, decidí contarle, para que él también se hiciera los exámenes y no la transmitiera a alguien más. Si quieren otro día les cuento cuál fue su respuesta en otra publicación. (Si te gustaría saber deja un comentario)


Una vez llegamos a urgencias, me atendió el médico de turno. Un doctor relativamente joven que me pidió acostarme en la camilla y mostrarle lo que tenía. Me sentí angustiada cuando revisó mi vagina y me dijo: “Parece que tienes gonorrea”. Por su puesto, sabía que era la gonorrea, ya que había estudiado el tema meses atrás. Sin embargo, él me explicó con más detalle. Me dijo que se trataba de una ITS, que se transmitía a través del contacto sexual (anal o vaginal) y el sexo oral. La manera en la que se manifiesta en tu cuerpo es a través de unas ampollas o granitos rojos. Si

alguna vez te ha dado varicela, entenderás de qué se trata. Esas bolsitas pican, arden y molestan mucho.

Esa no sería la peor parte, ya que el brote podía durar pocos días y luego desaparecer. La situación más difícil para mí fue comprender que la gonorrea no es una enfermedad que se cura.

Se trata de una infección que estará en tu cuerpo durante toda tu vida y que será tratada a través de diferentes medicamentos que controlarán los brotes, que pueden aparecer y desaparecer por meses o años.

Después de saber esto, el doctor me tomó varios exámenes, ya que una ITS no se

puede diagnosticar solo viendo las lesiones, es necesario hacer pruebas de sangre.


Mientras pasaban los días que se tardaría en llegar el resultado de los exámenes. Leí mucho más sobre la gonorrea. Hablé con amigas cercanas, que me tranquilizaron y me explicaron que el tratamiento de esta enfermedad es sencillo. Obviamente ninguna persona quisiera tenerla, pero una vez aparece puedes tener una vida tranquila y llena de confianza. Lo importante, eso sí, es aprender a cuidarse sexualmente, para no transmitirla a nadie más ni hacer que los brotes empeoren.


Una vez tuve toda esta información, mi mamá y yo fuimos por los resultados. El corazón me latía más fuerte que el primer día, sin embargo, cuando estas en esta situación es mejor saber cuanto antes tu diagnóstico. Fue así como nos dimos cuenta que lo que tenía no era gonorrea, se trataba de una fuerte infección que había brotado mi vagina, debido al contacto que tuve sin protección con otros fluidos, como el semen o la saliva. Al parecer, me “había salvado” de tener gonorrea, sin embargo, tuve que tomar muchos antibióticos. Además, las cosas que viví a nivel físico y emocional durante esos días dejaron una huella en mi vida.


Cómo ya conoces mi historia, quiero aprovechar para darte algunos consejos que me hubiera gustado aplicar a mí antes de que todo esto me pasara.



1. Nunca olvides usar condón. Si estás con alguien que apenas conoces, es la regla número 1. Si se trata de tu pareja de siempre, también lo es. El condón te salva de pasar estos sustos y de contraer enfermedades que estarán en tu cuerpo durante toda tu vida.

2. Habla de las cosas que le suceden a tu cuerpo con personas que te apoyen y que te

ayuden a informarte. Puede ser tu mamá, tus amigas o una profesora, incuso la fundación Mi Cuerpo/Min Krop. Alguien siempre podrá darte información y lo más importante, animarte a atenderte de manera oportuna.

3. Aprende a conocer tu cuerpo, explora los cambios que pueda tener tu vagina, tu flujo

vaginal o si eres chico, tu pene o tus testículos. Si pica, arde o tiene un color u olor

extraño, debes visitar a tu médico.

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