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Saber ancestral en el ejercicio de la partería - Parte II


A Don Amaro, las mujeres lo buscan alrededor de los 2 o 4 meses de gestación, esa edad es la apropiada para iniciar una preparación segura al parto. En el control prenatal, él hace una especie de chequeo, no con una ecografía como es común en la medicina occidental, a diferencia, usa sus sabias manos, las extiende alrededor del vientre materno y a partir de ese momento crea un vínculo con el feto.


Suavemente realiza masajes que le permiten a través del tacto notar la posición de este; de no ser la apropiada, con movimientos precisos lo acomoda correctamente en el canal del parto.

En ocasiones hay complicaciones, si uno mira que el feto no está en la posición correcta, está de pie o de forma horizontal. Desde el sentir puedo identificarlo, si es pequeño se puede moverlo con ayuda de las manos, pero, si el feto ya está pronto a nacer, su tamaño no permite que se mueva fácilmente en el vientre, entonces debo decir que no, porque es un riesgo para la salud de la gestante y para mí también” narra Don Amaro. En estos casos, es mejor que se acuda a un centro de salud antes de que llegue el día del alumbramiento.


Lo mismo sucede en el postparto, 15 días después del nacimiento las mujeres son acostadas boca arriba, palpadas con algo de fuerza desde los pies hasta la cabeza como si el propósito fuera unir las partes de un cuerpo separado, este proceso se repite 2 veces en total con la idea de que el útero vuelva a ser del tamaño natural y en un futuro parto no haya complicaciones.


Un parto es en estas veredas, como quizá también lo sea en otras tantas regiones apartadas del territorio nacional: una conexión intima con la naturaleza. En la dualidad del día y la noche; bebes nacen y se arrullan por el canto de los pájaros, el viento, la lluvia o se acobijan por la oscura noche, el silencio y un largo amanecer que culmina con la presencia de una nueva vida.


¿Cómo lo hace? Principalmente se debe organizar los implementos que ayudan en el proceso, entre ellos; guantes de látex, alcohol, pinzas, gasa, tijeras, hilo, toallas, agua caliente, entre otros, todos debidamente limpios y esterilizados. Analizar la intensidad de los dolores y el tiempo en que aparecen las contracciones, le ayuda a Don Amaro a calcular la hora del nacimiento.


En cuanto a la posición más adecuada para hacerlo, según Don Amaro es de rodillas,

¿por qué? Eso le permite a la mujer no perder fuerza al momento de pujar, además acostadas el proceso por lo general es muy lento y tiene complicaciones, por ejemplo, se puede ahogar el bebé con el líquido amniótico o en su defecto enredar con el cordón umbilical. “Esta posición ayuda a que el nacimiento del niño sea rápido y no sufra tanto la madre. En mi trayecto solo he atendido a una persona acostada, las demás todas de rodillas” relata Don Amaro.


Cada alumbramiento es diferente, hay factores que influyen en ello; el sexo del feto, si la madre es primeriza o ya tiene experiencia, si asistió a un chequeo completo o simplemente fue acompañada en el parto, entre otras variables que hacen que cada parto venga acompañado de experiencias nuevas y sea memorable.


Pero el parto no culmina con el nacimiento de un nuevo ser, ni con el llanto del nuevo protagonista. El siguiente paso es la expulsión de la placenta, Don Amaro dice que es “como asistir otro parto”, en ocasiones suele complicarse, a pesar de que ya paso el nacimiento, la madre sigue sintiendo esos dolores desgarradores que finalizan con la salida de la placenta. Cuando el proceso se tarda, lo mejor es preparar una infusión a base de carbón y huevo, esto hace que en poco tiempo la placenta sea arrojada.

Es, por tanto, una responsabilidad que inicia casi desde la concepción y que no acaba con la salida del recién nacido por el canal del parto.

En esta región del Cauca y en muchas otras cercanas, se tiene una creencia muy fuerte que gira en torno a la placenta, se cree que posee un gran vínculo con la madre y el feto, por ende, no es desechada. Por el contrario, se envuelve en un paño rojo, con ella se hace un ritual alrededor de la tulpa, después, se hace un hoyo en la tierra situado por lo general en la parte de atrás de la casa, dentro de él se debe colocar carbón caliente y finalmente la placenta.


Las comunidades lo realizan con dos finalidades: La primera, es para evitar que a la madre le den unos dolores mucho más fuertes que los del parto y que por lo general aparecen en la etapa del puerperio, es decir, la cuarentena posterior al nacimiento. La segunda es porque la placenta permaneció en el cuerpo de la madre durante los 9 meses de gestación, por ende, es como si se tratara de una persona más. Sepultarla allí, representa la unión futura de la familia, es decir que, si ese recién nacido en algún momento de su vida decide marcharse de ese hogar, siempre tenga la intención de regresar a casa.

Parir entonces, se convierte en un ritual de conexión con la tierra,

es un diálogo que las presentes generaciones originan con las de mayor edad para rememorar el pasado. Representa el vínculo precioso que se tiene con la cultura que dejaron generaciones antiguas, es posible gracias a ese lazo invisible que lo ata a su territorio, es un escenario en donde las tradiciones trasgreden la memoria y el olvido.


-Lucely Perafan

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