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La educación sexual integral ¿para qué?

Actualizado: hace 7 días

Crecí creyendo que la educación sexual se relaciona con una charla familiar que, en el mejor de los casos, te brindan cuando eres adolescente o estas en la etapa de la pubertad. A mí me la dieron cuando tenía 12 años. Sin embargo, recuerdo que las dudas que tenía en ese momento con relación al embarazo y la menstruación no fueron resueltas. Ahora que lo pienso, creo que fue por varias razones: quien me dio la charla tenía más o menos 15 años, así que no tenía la información suficiente. Le causaba una profunda pena hablar sobre el tema y, además, nunca le hablaron de educación sexual. Lo sé porque esa persona fue mi hermana mayor; crecimos juntas y ni mi papá ni mi mamá nos hablaron del tema, sé que no fue su culpa, estoy segura de que ellos tampoco tuvieron acceso a Educación Sexual Integral.


Ese día, después de esa conversación, a mis 12 años, entendí que no tendría nuevamente el espacio para hablar sobre mis dudas, así que continué tratando de resolverlas con base a experiencias de mis amistades, de las telenovelas, de las películas o inclusive de la pornografía que veíamos junto a mis amigos después de salir del colegio.

Lucely Perafán

Años después llegó a mí la posibilidad de educar en sexualidad. Tuve que desaprender, reevaluarme, entender que crecí con una desinformación muchas veces absurda. Aún sigo buscando respuesta a algunos interrogantes, leyendo, cuestionando y entendiendo que este es un ejercicio que se debe hacer de manera urgente con adolescentes, de ser posible con familias e incluso niños en Colombia y en el Cauca que es el lugar donde vivo. Hablar de ESI genera un gran impacto no sólo en el proyecto de vida de una persona sino también en un país.

En los lugares donde NO se habla de sexualidad se siguen perpetuando violencias, la pobreza aumenta y con ello índices de desigualdad, entre muchos otros factores. La sexualidad no solo atraviesa nuestros cuerpos sino el país y el lugar que habitamos.
Familia nuclear sonriendo

Aquí, podría describir las innumerables experiencias que me ha dejado la educación sexual integral. Pero, enfatizaré en una que para mí es muy valiosa. Educar en sexualidad a adolescentes me dio la posibilidad de llevar la ESI a otros espacios, como, por ejemplo, mi casa. Convivo la mayoría del tiempo con mi pareja, mis hermanas menores y mi hijo de 5 años.


Mi pareja, para ejemplificar, es una persona que ahora comprende más las etapas del ciclo menstrual que atravieso, en mi caso eso es algo muy positivo porque por lo general tengo síntomas premenstruales notorios y el hecho de que mi pareja tenga esta información hace que haya más comprensión de su parte. Con nuestro hijo, tratamos de que nombre las partes de su cuerpo incluido genitales con su respectivo nombre y sin sentir vergüenza. Hablamos con él sobre diversidad de cuerpos, emociones, el consentimiento corporal y los límites, a pesar de que tiene 5 años, ya sabe cuál es su red de apoyo en caso de que algo grave suceda.


Niña sin ropa cubriendo sus zonas intimas

La ESI, también me permitió hablar abiertamente con mis hermanas sobre nuestros ciclos menstruales, productos para la gestión menstrual, métodos anticonceptivos, machismo y muchas otras cosas que antes pasábamos desapercibidas, nos causaba pena hablar o evadíamos. Recuerdo que las personas y sus estereotipos de belleza nos hacían sentir que los extremos no están bien. Crecimos creyendo que en el mundo debes estar en un punto medio si al cuerpo se refiere. Ser gorda o muy delgada como nuestro caso, no era lo adecuado. Mis hermanas y yo vivimos bullying en diferentes épocas y situaciones por la misma razón, nuestro cuerpo. Comentarios como; “eres muy flaca” “vas a desaparecer” “¿es que no comes o qué?”, fueron algunas palabras que nos marcaron, y a quién no. Con el tiempo aprendimos a sanar esas heridas y pedir disculpas a nuestros cuerpos por creernos ese cuento.


A la ESI le debo, por ejemplo, el haberme permitido comprender que los cuerpos son diversos y que eso es lo que los hace valiosos. La regla de 3 minutos de @Fatpandora “si ves a una persona, antes de dar un juicio u opinión sobre su cuerpo PREGÚNTATE: ¿esta persona lo puede corregir en los próximos 3 minutos? Si la respuesta es NO, para que decirlo.

En lo personal, esta frase fue un salvavidas y quisiera llevarla en el pecho todo el tiempo. Siento que a las personas les hace falta pensar en lo que van a decir más a menudo.
Familia extendida sonriendo

En los años que llevo siendo educadora sexual, también comprendí que estamos educando y educándonos en sexualidad TODO EL TIEMPO. Ya sea con lo que vemos, leemos o escuchamos en redes sociales, en la televisión u otros medios. También con lo que hacemos o decimos, pero sobre todo con lo que callamos, ese silencio que no rompemos en algunas situaciones también enseña algo sobre sexualidad.


En ese sentido, la ESI primero no debería ser una charla que se brinda cuando eres adolescente. Deberían ser muchas charlas, en las que no cause pena o vergüenza hablar sobre genitales, cambios corporales, métodos, consentimiento, relaciones sexuales, etc. Deberían ser conversaciones PLACENTERAS, recibidas desde la niñez y hasta la muerte porque el cuerpo cambia, con ello nuestras experiencias.

Lucely Perafán


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